Gastronomía, Paisajes y Turismo Rural. Por Arturo Crosby, director de Forumnatura

Jue, 06/28/2018 - 16:41

El placer de viajar a través de la comida y descubrir destinos

Es curioso como en estos últimos años, ha despegado y se está consolidando fuertemente el producto gastronómico, así como su aplicación al producto turístico.

Es cierto que la gastronomía, en todos sus niveles ha tenido una buena e importante relación y significado para el turismo, tanto en destinos urbanos, como rurales y menos en el famoso sol y playa.

El viaje siempre se ha asociado con la comida y en determinados segmentos de la demanda con los buenos platos, ya sean por su calidad de ingredientes, elaboración, diseño o particularidad.

En el turismo rural, la oferta, que no producto turístico, se ha basado prácticamente en el alojamiento y la comida, que pocas veces además han ido unidas en un solo producto.

Como antes comenté, en estos últimos años, una mayoría de destinos turísticos, usan la gastronomía como principal reclamo de atracción turística, organizando diferentes festivales o eventos, según sean sus productos de cocina, recursos hortícolas, naturales, o tradiciones, tratando siempre de diseñar acciones diferenciadas o en base a productos únicos, tema más difícil, pero posible.

Siempre se ha asociado la visita a un lugar determinado con una serie de cocina particular e incluso única, al menos esa es y era la intención del oferente, que ahora también se asocia al vino con el denominado “enoturismo”.

Por tanto en cierto imaginario colectivo se asocia inconscientemente determinados paisajes, con determinadas cocinas o mas bien, platos de cocina y esta relación, es correcta, claro si se respeta los orígenes o cultura local. (Muy evidente en Europa y Asia)

Los ingredientes de los platos locales, obedecen como la arquitectura popular o local, a la adaptación al medio, al entorno, en el que habitan, ya que ha sido una formula de supervivencia y todavía mas, de eficiencia en las formas de vida, versus la necesidad de la dependencia de productos foráneos, que encarecerían mucho el coste de esa cocina local. Bueno, salvo especias determinadas, sal, etc. que no quedaba otra, que impórtalas y que como saben fueron, en su día, moneda de cambio, entre pueblos.

Es obvio, que estos ingredientes, su elaboración y los resultados de su indigesta (conseguir más calorías, proteínas, frescor, minerales, etc.) tienen una relación directa con el medio natural, que impone sus condiciones ambientales, a las que los lugareños siempre han sabido adaptarse.

Así, cuando alguien, pide un plato, sabe o debería saber qué es lo que quiere conseguir, amén del gusto que pueda obtener, pero es un indicador increíble de ecología humana, porque puede mostrar fácilmente como ha sido el paisaje y el entorno natural y rural de ese territorio, a lo largo de siglos de historia.

Quien no sabe cómo influye el clima en el tipo de alimentación y por tanto en la cocina local o es fácil saber cómo los platos, son una respuesta fácil de observar las condiciones ambientales de cualquier región.

Lo que todavía no ha puesto en valor, la gastronomía, es esta relación entre el paisaje, el entorno y saber lo comunicar a los comensales, con menús interpretativos e incluso con viajes relacionados, conformando así una serie de experiencias turísticas memorables, que se pueden diseñar en productos turísticos diferenciados, aplicables a muchos destinos.

Sepa, que hay muchos platos, que cuando los degusta, puede tener la capacidad de viajar imaginariamente a muchos destinos de la geografía del mundo y es un reto a la promoción innovadora.

El tema es muy largo y resumirlo en unas líneas es un atrevimiento, pero déjenme dejarles este aperitivo para más tarde ponernos con los platos principales.

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